Oikeiôsis y la comunidad: pasar de “yo” a “círculos concéntricos”

Publicado el 20/01/2026.
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En una época marcada por el individualismo, la fragmentación social y la prisa, hablar de comunidad puede sonar abstracto o nostálgico. Sin embargo, el estoicismo clásico ofrece una noción sorprendentemente práctica para reconstruir los lazos humanos sin caer en idealismos: la oikeiôsis. Este concepto, central en la ética estoica, describe el proceso natural por el cual pasamos del cuidado de nosotros mismos al cuidado de los demás, ampliando progresivamente nuestro sentido de pertenencia.

Este ensayo propone recorrer ese tránsito —del “yo” al “nosotros”— a través de la imagen de los círculos concéntricos, acompañándolo con acciones semanales concretas. No se trata de grandes gestos heroicos, sino de hábitos sostenidos que encarnan una idea fundamental del estoicismo: somos seres racionales, pero también profundamente sociales.

¿Qué es la oikeiôsis?

La oikeiôsis puede traducirse, de forma aproximada, como “apropiación” o “familiarización”. Para los estoicos, es el impulso mediante el cual un ser vivo reconoce algo como propio y digno de cuidado. En los humanos, este proceso comienza con la autopreservación, pero no se detiene allí.

Aunque el concepto aparece en varios autores, fue desarrollado de manera sistemática por los estoicos griegos y retomado por los romanos. Hierocles, un pensador menos conocido pero fundamental, utilizó la metáfora de los círculos concéntricos para explicar cómo la preocupación moral puede —y debe— expandirse.

Los círculos concéntricos: del yo al cosmos

Hierocles describe la vida moral como una serie de círculos que se expanden desde el centro:

  1. Uno mismo (cuerpo y mente).
  2. La familia cercana.
  3. Amigos y personas con las que trabajamos.
  4. La comunidad local.
  5. La ciudad o nación.
  6. La humanidad entera.

El ejercicio ético consiste en acercar los círculos externos al centro, tratando a quienes están más lejos como si estuvieran más cerca. No se trata de amar a todos por igual —algo poco realista—, sino de reducir la distancia moral.

Esta idea conecta con la visión cosmopolita del estoicismo, defendida por figuras como Marco Aurelio, quien se consideraba “ciudadano del mundo”. En sus Meditaciones, recuerda que hemos nacido para cooperar, como las manos o los párpados.

Comunidad no como emoción, sino como práctica

Uno de los malentendidos habituales es creer que la comunidad se basa en sentimientos intensos de afinidad. Para el estoicismo, en cambio, la comunidad es ante todo una relación racional y ética. No necesito “sentir” simpatía para actuar con justicia.

Séneca insiste en esta idea en sus Cartas a Lucilio: el sabio actúa correctamente no por impulso emocional, sino por comprensión de lo que es debido. La oikeiôsis madura no depende del estado de ánimo, sino del carácter.

Aquí es donde las acciones semanales cobran sentido. La comunidad se construye con regularidad, no con ocasionales arrebatos de buena voluntad.

Del “yo” al primer círculo: acciones semanales

Todo comienza en el centro. Cuidarse no es egoísmo; es la base del cuidado de los demás. Una acción semanal en este primer círculo puede ser:

  • Revisar cómo estás usando tu tiempo y energía.
  • Dormir mejor, alimentarte con más atención o reducir estímulos innecesarios.

Epicteto recordaba que nadie puede cumplir bien su papel si descuida su propia razón. El autocuidado estoico no es indulgencia, sino responsabilidad.

Familia y cercanos: el segundo círculo

El segundo círculo incluye a quienes conviven con nosotros o forman parte de nuestra vida cotidiana. Aquí, una acción semanal puede ser:

  • Escuchar sin interrumpir.
  • Cumplir una promesa pequeña pero concreta.
  • Evitar una reacción impulsiva en un conflicto doméstico.

Séneca subraya que la vida ética se prueba en lo cercano, no en discursos abstractos. Tratar con paciencia a quien vemos todos los días es una de las prácticas más exigentes del estoicismo.

Trabajo y amistades: tercer círculo en acción

En el ámbito laboral y social, la oikeiôsis se expresa como cooperación y respeto. Acciones semanales posibles:

  • Reconocer el trabajo de un colega.
  • No participar en chismes.
  • Ofrecer ayuda sin esperar crédito.

Marco Aurelio advertía contra la tentación de usar a los demás como medios. En este círculo, ampliamos el “nosotros” sin perder el discernimiento.

Comunidad local: cuarto círculo

La comunidad no es una abstracción: es el barrio, la asociación, el entorno inmediato. Una acción semanal aquí puede ser:

  • Saludar por el nombre.
  • Cuidar un espacio común.
  • Participar, aunque sea mínimamente, en una iniciativa local.

Los estoicos entendían la polis como un espacio natural de realización humana. Incluso cuando la política falla, la vida comunitaria básica sigue siendo un terreno fértil para la virtud.

Humanidad y cosmópolis: los círculos externos

Los círculos más amplios —la nación y la humanidad— suelen parecer lejanos. Sin embargo, también admiten prácticas concretas:

  • Informarse sin odio.
  • Evitar el lenguaje deshumanizante.
  • Apoyar causas justas dentro de las propias posibilidades.

Aquí resuena la idea estoica de cosmópolis, la ciudad universal. No todos podemos cambiar el mundo, pero sí ensanchar nuestra consideración moral.

Oikeiôsis frente al individualismo moderno

El individualismo contemporáneo suele presentar una falsa dicotomía: o te ocupas de ti, o te diluyes en los demás. La oikeiôsis estoica ofrece una tercera vía: expandirte sin perderte.

Epicteto enseñaba que no somos islas, pero tampoco hojas arrastradas por la corriente. La comunidad no anula la autonomía; la presupone. Solo quien se gobierna a sí mismo puede cooperar sin resentimiento.

Un hábito semanal, no un ideal abstracto

La clave está en la regularidad. Elegir una acción concreta por semana para cada círculo —o rotarlas— transforma la ética en hábito. Con el tiempo, la expansión del “yo” ocurre casi sin esfuerzo, como un músculo entrenado.

Este enfoque es especialmente compatible con la vida moderna: agendas llenas, energía limitada, pero margen para pequeños actos conscientes.

Conclusión: ampliar el “nosotros”

La oikeiôsis nos recuerda que la comunidad no es un añadido opcional, sino una dimensión esencial de la vida buena. Pasar del “yo” a los círculos concéntricos no exige heroísmo, sino constancia. Cada acción semanal, por pequeña que parezca, acorta distancias morales y fortalece el tejido humano.

Como escribió Marco Aurelio, lo que no es bueno para la colmena no puede ser bueno para la abeja. El estoicismo, lejos de ser una filosofía solitaria, es una invitación permanente a vivir juntos con razón.

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