Tomar decisiones en salud pública nunca es sencillo. Se trabaja bajo presión, con información incompleta, enfrentando críticas, urgencias y dilemas éticos de alto impacto. En medio de una pandemia, una crisis hospitalaria o una campaña de vacunación, los líderes sanitarios deben combinar razón, coraje, templanza y compromiso con el bien común. ¿Cómo mantener la claridad en ese contexto? ¿Cómo sostenerse sin ser arrastrado por la ansiedad o el populismo? Aquí es donde el pensamiento estoico puede convertirse en una guía ética y emocional de enorme valor.
El estoicismo —una filosofía nacida hace más de dos mil años y aún profundamente vigente— ofrece principios que pueden aplicarse a la gestión sanitaria: actuar con virtud, aceptar lo que no está en nuestro control y mantener la serenidad frente a la adversidad. Para quienes lideran sistemas de salud o coordinan respuestas médicas, estas ideas no son teoría: son herramientas prácticas para resistir con dignidad y decidir con juicio.
El liderazgo sanitario como práctica de virtud
Para los estoicos, la excelencia humana se cultivaba a través de cuatro virtudes cardinales: sabiduría, justicia, templanza y coraje. Veamos cómo estas virtudes pueden iluminar la tarea de un líder sanitario:
- Sabiduría: tomar decisiones con base en evidencia, sin dejarse llevar por el pánico ni por presiones externas.
- Justicia: priorizar el bienestar colectivo sin discriminar, ni ceder a intereses particulares o partidarios.
- Templanza: actuar con mesura, evitando los extremos, la reactividad emocional o el desgaste excesivo.
- Coraje: sostener lo correcto aunque implique enfrentar críticas, resistencias o consecuencias personales.
En palabras de Marco Aurelio —emperador romano y figura clave del estoicismo—:
“Lo que no es útil a la colmena, no es útil a la abeja.”
Un líder sanitario guiado por esta lógica prioriza el bien común por encima de la imagen personal o la conveniencia.
El valor de la serenidad en medio de la tormenta
Durante la pandemia de COVID-19, muchos líderes en salud debieron tomar decisiones difíciles: cerrar ciudades, limitar libertades, administrar escasos recursos. En esos momentos, mantener la paz interior fue esencial para no colapsar ante el estrés.
El estoicismo enseña que no podemos controlar los eventos externos, pero sí nuestras reacciones. Como decía Epicteto:
“No nos perturban los hechos, sino los juicios que hacemos sobre ellos.”
Aplicado a la gestión sanitaria, esto significa: no podés controlar una nueva variante viral o la reacción del público, pero sí podés elegir actuar con claridad, responsabilidad y coherencia.
Ejemplos de liderazgo sanitario con espíritu estoico
1. Dr. Anthony Fauci (EE.UU.)
Como director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, Fauci atravesó múltiples crisis sanitarias: VIH, SARS, ébola, COVID-19. A lo largo de décadas se destacó por su postura racional, ética y firme, incluso bajo presión política.
Sin declararse estoico, sus actos reflejan un profundo autocontrol, compromiso con la verdad y resiliencia frente al desgaste mediático.
✔ Virtudes visibles: templanza, sabiduría, coraje.
📘 Lectura sugerida: “Ten Lessons for a Post-Pandemic World” de Fareed Zakaria, donde se reflexiona sobre liderazgo y ciencia tras el COVID.
2. Dra. Gro Harlem Brundtland (OMS, Noruega)
Ex primera ministra y directora general de la OMS, Brundtland lideró respuestas a crisis sanitarias globales con foco en salud pública, sostenibilidad y equidad.
Promovió el principio de que “la salud es un derecho humano”, alineando decisiones sanitarias con principios éticos, incluso frente a tensiones geopolíticas.
✔ Virtudes visibles: justicia, sabiduría, coraje.
📘 Vinculación con estoicismo: Cartas a Lucilio de Séneca, que exploran cómo actuar con virtud en lo público, incluso en escenarios hostiles.
Herramientas estoicas para líderes en salud pública
1. Visualización negativa (premeditatio malorum)
Antes de cada jornada o toma de decisión, dedicar unos minutos a imaginar los posibles obstáculos (conflictos, errores, reacciones sociales). Esto no paraliza: prepara emocionalmente para actuar con ecuanimidad cuando lo inesperado ocurra.
2. Diálogo interno racional
Marco Aurelio escribía en su diario para reafirmar sus principios ante el caos. Imitar este hábito ayuda a evitar reacciones impulsivas y recuperar el foco en lo esencial.
Ejemplo: “Hoy me insultarán, me exigirán lo imposible. Pero yo decidiré responder con claridad y firmeza.”
📘 Herramienta útil: Meditaciones de Marco Aurelio – un libro que muchos profesionales de la salud han redescubierto durante la pandemia.
3. Revisión diaria de decisiones
Al final del día, revisar mentalmente o por escrito qué se hizo bien, qué se puede mejorar, y cómo actuar con más virtud mañana. Esta práctica fortalece el liderazgo consciente y reduce la fatiga moral.
Conclusión: decisiones serenas, liderazgo con alma
El liderazgo en salud pública es una de las formas más exigentes de servicio. Implica decidir con información incompleta, actuar bajo presión y sostener el bienestar colectivo incluso cuando hay desgaste personal. Frente a este desafío, el estoicismo ofrece una base ética sólida: actuar con virtud, discernir con razón y resistir con templanza.
Como decía Séneca:
“La mayor victoria es la que se logra sobre uno mismo.”
En contextos médicos y sociales tan complejos, tal vez esa sea también la mejor forma de cuidar a los demás.