Estoicismo a la hora de elegir: ¿Qué puedes controlar y qué no?

Publicado el 04/04/2025.
Elegir estoicismo

Tomamos decisiones todo el tiempo: desde lo que desayunamos hasta cómo respondemos a un conflicto en el trabajo o una crisis personal. Pero ¿cuántas de esas decisiones nacen realmente de un lugar de claridad? ¿Y cuántas están contaminadas por ansiedad, expectativas ajenas o un deseo de controlar lo incontrolable? Aquí es donde el estoicismo entra como una brújula. Una brújula antigua, sí, pero sorprendentemente precisa para los dilemas modernos sobre elegir. En el corazón de esta filosofía está una idea simple y transformadora: distinguir lo que está en nuestro control de lo que no. Esa es la clave para tomar decisiones con libertad y sabiduría.

El epicentro de la filosofía estoica: el control interno

Epicteto, uno de los grandes referentes del estoicismo, lo dejó muy claro en su “Manual” (Enchiridion):

“De las cosas, unas dependen de nosotros y otras no.”

Esta distinción es radical. Lo que depende de nosotros, según Epicteto, son nuestras opiniones, deseos, rechazos y acciones. Lo que no depende: el cuerpo, la reputación, el poder, los acontecimientos externos. En otras palabras, tenés poder sobre tu mente, no sobre el mundo.

Imaginá tener que decidir si dejar un trabajo que ya no te hace bien. No podés controlar cómo reaccionará tu jefe, si te costará conseguir otro empleo o cómo te juzgarán tus amigos. Pero sí podés decidir si querés actuar desde la coherencia con tus valores o desde el miedo.

Aplicaciones prácticas: el filtro de la dicotomía del control

La dicotomía del control, como se llama esta idea, es un filtro poderoso para cualquier decisión. Antes de actuar, podés hacerte dos preguntas:

  1. ¿Esto depende de mí?
  2. ¿Estoy eligiendo en función de lo que puedo controlar o reaccionando a lo que no?

Si la respuesta a la primera es sí, entonces podés actuar con libertad y responsabilidad. Si es no, la tarea estoica es soltar y aceptar, no resignarse. Es un “soltar activo”, por decirlo así.

La serenidad que viene de elegir bien

Marco Aurelio, en su Meditaciones, se repetía a sí mismo:

“Tú tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos externos. Date cuenta de esto, y encontrarás la fuerza.”

Esta afirmación no es una frase motivacional de Instagram; es una herramienta para volver al eje. Porque cuando tomamos decisiones desde ese eje —desde lo que sí podemos controlar—, hay menos ruido, menos drama y más paz interior.

Por ejemplo, frente a una discusión familiar, podés controlar el tono que usás, tu intención al hablar, tu disposición a escuchar. No podés controlar que el otro te entienda o cambie su opinión. Y al soltar eso, tus decisiones se vuelven más limpias, más tuyas.

¿Y la incertidumbre?

Muchos de nuestros conflictos decisionales nacen del miedo a la incertidumbre. “¿Y si me equivoco?” “¿Y si no sale como espero?”. Los estoicos no niegan ese miedo, pero lo enfrentan con realismo. Porque la incertidumbre es parte de la vida, no un error a corregir.

Séneca, en sus Cartas a Lucilio, escribe:

“No es porque las cosas sean difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que son difíciles.”

El coraje estoico no es el de quien lo tiene todo claro, sino el de quien avanza a pesar de no tener certezas, guiado por la razón y la virtud, no por la búsqueda de resultados perfectos.

Herramientas estoicas para decidir mejor

Si querés incorporar el estoicismo a tu proceso de decisiones, acá van algunas prácticas útiles:

  • Escribí tus decisiones importantes. Como hacía Marco Aurelio, poner las ideas en papel ayuda a verlas con más objetividad.
  • Usá la dicotomía del control. Incluso como ejercicio: anotá lo que depende de vos y lo que no.
  • Meditá sobre la muerte (memento mori). Esto te devuelve perspectiva. Muchas veces lo que parece enorme es, en realidad, pasajero.
  • Visualización negativa. Imaginá el peor escenario con calma y preguntate: ¿podría vivir con eso?

Estas prácticas están muy bien desarrolladas en libros como “El arte de la buena vida” de William B. Irvine, una introducción contemporánea y práctica al estoicismo, o “Cómo ser un estoico” de Massimo Pigliucci, que combina el enfoque clásico con desafíos modernos.

Conclusión: decidir es vivir con intención

El estoicismo no te va a dar respuestas mágicas ni fórmulas infalibles. Pero sí te ofrece una manera más consciente de vivir y decidir. Al poner el foco en lo que depende de vos, tomás decisiones más livianas, pero no menos profundas.

En un mundo lleno de ruido, elecciones infinitas y ansiedad por el futuro, el poder estoico es, quizás, el poder más real que tenés: el de elegir cómo respondés, una y otra vez.